jueves, 10 de junio de 2010

Con la dulzura de los recuerdos y la ilusión de lo inesperado...

Había nacido para ser princesa aunque la misma vida la despojó de todos sus honores.
En sus años dorados paseaba por sus castillos de cristal llena de magia y amores eternos. Aunque la eternidad le quedó demasiado grande.
No es que ha dejado de volar, pero su paisaje es diferente y su andar más lento porque aún no se repone de la caída.
Sus hadas, las brujas, los príncipes azules, los ogros…todos se esfumaron en un único parpadear. Fue entonces que quiso vivir la realidad, buscó la verdad, el origen y experimentó la aridez del camino.
Hay una parte de ella que añora su mundo feliz, su burbuja, su ayer lleno de presencias confortables que ya han marchado a otros universos. Pero por algún motivo sigue aquí.
A veces sonríe y baila. Viaja en el tiempo cuando canta con dulzura melodías extrañas de historias que le supieron susurrar en su vida pasada.
Había nacido para ser princesa y hoy no podría distinguirla del resto del mundo…
Camina apresurada por las calles y esconde bajo el traje su ala rota. Tiene guardado sus tesoros más preciados, aquellas personas que le enseñaron a amar, algunas fotos amarillas, un par de libros, una firma en un trozo de papel, un cassette grabado y sus zapatitos de charol.
Mirando el cielo algunas noches encuentra su estrella y con un vuelo sutil intenta alcanzarla para hablar con ella. Pero siempre el amanecer se apresura y no le queda más que volver.
Muchos pensarán que está loca, yo creo que es una vida más que se confunde entre tantas personas. Aunque ella lleva en sí una historia casi mágica.
M.A.L

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